Marionetas, a veces parecemos marionetas. Nos dejamos llevar por el ritmo de la vida, y nos hace incapaces de ver lo que tenemos a nuestro alrededor... y no podemos parar.
Debe de ser fantástico poder surcar los cielos, verlo todo, que no se nos escape nada. Tocar con nuestros finos dedos el tacto de las nubes, sentir que todo va bien y va a seguir estando bien por siempre, cerrar los ojos y poder descansar.
El ser humano avanza, demasiada tecnología, energías y demasiada contaminación.
Contruye pero a la vez destruye, algo contradictorio. Se puede crear y ser cuidadoso a la vez con lo que nos rodea, con todo aquello que es natural y da vida.
Puede ser que estemos contruyendo un nuevo mundo, pero no matemos lo que nos queda de nuestra naturaleza, aquella que nos enseñó a desenvolvernos con nuestro entorno y la que nos condujo a lo que somos hoy día, supuestamente animales racionales.
Así marca el tiempo un aparato dotado,normalmente,de tres manecillas, una que siempre va a la cabeza (en cuanto a número de vueltas se refiere) marcando los segundos, otra algo menos veloz va marcando los minutos y por último la manecilla más pesada o la más rápida según el momento, la de las horas.
El tiempo, según su definición es la magnitud física que mide la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio. Pero sin duda para mi el tiempo es como mi compañero a veces y otras muchas como condenador...haciendo que momentos tan precioso que no quisiera que terminaran nunca pasen en un santiamen.
Por eso sigo buscando la forma de poder pararte...